Esta mañana no podía ser más feliz en la extrañamente soleada Bogotá. El optimismo se oía por la radio, que desde temprano analizaba el evento económico del día, del mes, quizás del año: hoy entraba en vigencia el TLC con Estados Unidos. Por fin!

A las 8 AM, algunos ya soñaban con comprarse una moto, que en unos meses debería traspasar a los consumidores parte del 15% de rebaja del arancel aduanero. Otros imaginaban los nuevos productos que inundarían los supermercados. Los más políticos sonreían ante el impacto que el Tratado tendría en la imagen del país. Un clásico, win-win.

Pero avanzó la hora, y con ella, la Violencia. Cercade las 11, explotó la bomba. En el centro financiero, cerca de los barrios lindos, varias universidades y la vida cotidiana. El pánico se propagó por las calles y las redes sociales. Las líneas telefónicas fueron saturadas por rolos tratando de tener noticias de los suyos.

El petardo, el intento de asesinato y los muertos les recordaron el Dolor, haciéndolos retraerse y murmurar ‘no, otra vez’. El almuerzo transcurrió pensativo y la tarde se hizo eterna.

De regreso a casa, mientras oscurecía, ya nadie recordaba el TLC ni las cuotas de la moto. A la hora de la cena, el Miedo volvió a sentarse a la mesa de los colombianos.

 

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