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Allí, cerquita de la Amazonía están los otros. Los indígenas, los homosexuales, los que trabajan tierras ajenas, las mujeres, los que no tienen mucho, los que no tienen nada, los anarquistas, los revolucionarios, los migrantes, los tercemundistas, los anti Mc Donalds, los orientalistas, los del sur, los ambientalistas, los de abajo, los refugiados, los clandestinos, los olvidados, los pacifistas, los bichos raros.

 

Mientras en Davos los grandes magnates debaten sobre la crisis que no los deja dormir y que los ha estado diezmando en estas últimas semanas (van algunas decenas de multimillonarios suicidas), en Belém do Pará los otros celebran con danzas bajo la lluvia el Octavo Foro Social Mundial.

 

El medioambiente y el desarrollo sustentable son las preocupaciones de los otros, que se preocupan harto pero también harto bien que lo pasan, en talleres, eventos culturales y fiestas populares.

 

La nieve cubre las aceras de la ciudad suiza, pero el frío no se siente en el centro de convenciones, donde se reúnen más de 2.500 participantes de 96 países, la mayoría de los cuales son directivos de las principales compañías mundiales, destacan orgullosos los organizadores.

 

Los populáricos, en tanto, son más de 120 mil, que se reúnen al aire libre y sin aire acondicionado, porque les preocupa el calentamiento global, los hielos que se derriten, los pantanos y bosques que se secan y el agua que escasea, y las gentes que viven cerca de esos hielos, pantanos, bosques y ríos.

 

Desde Chile el candidato presidencial de derecha viaja a Europa, a codearse con sus pares y ufanarse de estar cerca del sillón más importante de esta economía ejemplar. Ojalá volara más cerca y con ropa más liviana. Quizás regresaría más contento y bronceado, desde la América profunda.

 

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