El dicho, uno de los favoritos de mi abuelo (campeón mundial de los refranes tóxicos y políticamente incorrectos, pero sabios), se viene a mi cabeza al leer esta mañana el nuevo capítulo del denominado Caso Rubilar.

Diputada Karla Rubilar reconoce haber usado información de la DINA”, consigna El Mostrador, explicando que la bienintencionada parlamentaria y presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados (¿cómo diablos llegó ahí?) utilizó información entregada por un abogado (amigo de ella) ligado a Manuel Contreras -general en retiro, ex director de la DINA, que actualmente se encuentra en prisión por su participación en una serie de violaciones a los derechos humanos- para denunciar la existencia de más casos de falsos detenidos desaparecidos.

En su tiempo libre (harto que debe tener, ya que sus condenas suman más de un siglo y aún quedan resoluciones judiciales pendientes), “el Mamo” se inspiró y escribió un libro donde plantea la tesis que la desaparición de 13 personas en diciembre de 1976 es falsa.

La diputada mandató a sus asesores para que verificaran la información, lo que -de acuerdo a ella- hicieron, aunque olvidando chequear a la fuente. “Yo ni siquiera sabía que el Mamo Contreras había escrito un libro, se defendió Rubilar.

Y así la información llegó a La Moneda, a los medios y a oídos de dos familias que se sorprendieron cuando las llamaron para preguntarles si habían visto a sus parientes, que de acuerdo a los “datos” estaban vivos por ahí. Incluso a uno de ellos lo habían visto en Buenos Aires hacía algunos años… La verificación había olvidado preguntar a quienes llevan los casos de DDHH en la justicia, y el “aparecido” en la capital trasandina no era más que el hijo de aquél otro, con nombre de revolucionario de izquierda, que desapareció junto a tres familiares más y que se ha transformado en un caso emblemático en el país.

Pero la diputada no está sola, ya que en RN la apoyan y defienden, argumentando que “actuó de buena fe”, cuando es evidente que tamaña desprolijidad se debió al apuro para que la noticia de los falsos detenidos desaparecidos no se “enfriara” mediáticamente.

La estival plaga de polillas llegó al Congreso. Vuelvo al principio, algo peor que una polilla es una polilla con iniciativa…

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