Él, el hijo de inmigrantes rumanos que llegó a ser el líder de la Escuela de Chicago, el que propugnaba la libertad de elegir (para los que pueden pagar y participar), el defensor a ultranza del libre mercado, el Premio Nobel, el que se escribía con Pinochet.

 

Desde ayer, el buen Milton debe estar revolcándose en su fino ataúd, luego que el gobierno de Estados Unidos decidió tirarle un salvavidas a Fannie & Freddie, las dos principales hipotecarias locales -que nacieron estatales pero que a fines de los 60 pasaron a manos privadas- cuyas billeteras no aguantaron las deudas de los millones de gringos que se compraron casas que hoy no pueden pagar.

 

El Estado debió intervenir, en el mayor rescate financiero (o tutela legal, o nacionalización, como se le ha llamado) de la historia de EEUU, haciendo que el moño lo agacharan varios, el secretario del Tesoro y los Republicanos, incluidos, muchos de ellos empresarios o provenientes del mundo privado, todos promotores de la capacidad inherente del mercado de corregirse por sí solo, todos predicadores de la doctrina Friedman, todos convencidos de que el sistema de las finanzas existe paralelo al de las personas. Hasta que colapsa. 

 

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