Ya nada es lo que era… Qué tiempos aquellos donde al colegio se iba a estudiar (obligados, pero bueno!), a hacer amigos, hacer rabiar profesores, sacar la vuelta y aprender una que otra cosa (de rebote).

 

Hoy los cabros chicos salen a las calles varios meses al año, reclaman por una ley que no les parece bien, se toman los colegios, les tiran agua a las ministras encopetadas y lo pasan chancho. Pero de estudiar, parece que no mucho.

 

Los profes, por su parte, no se han quedado sentados esperando que la pataleta se les pase a los estudiantes y, aburridos de los gritos, escupos, grabaciones de celulares que los acusan de maltratos, cabros arriba de las sillas, sillas arriba de las mesas y mesas bloqueando las puertas, han empezado a tomar medidas, como más diálogo y menos autoritarismo.

 

Pero los que la llevan son los profes de un poblado rural tejano, que consiguieron la aprobación (de manera unánime y con el visto bueno de los padres y los representantes de los alumnos) de un plan que les permite portar armas de fuego dentro de las salas de clase.

 

La idea es que puedan defenderse si a un alumno trastornado-nervioso-loco-maniático, de esos parias que les da la tonterita de repente, como a los de Columbine,  se le ocurre adentrase al sagrado lugar de aprendizaje con un arma.

 

 Así que de tunazos se van a ir los loquillos gringos, si no se portan bien y hacen todas sus tareas. Ojo María Música, no vaya a ser que la genial idea cuente con seguidores locales…

 

 

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