El ruido no se calla. Siguen y siguen apareciendo versiones que dudan del magnífico operativo de rescate del Ejército Colombiano, si se les pagó o no a las FARC, si existió un montaje, si los rehenes escaparon o fueron rescatados

Recuerdo que antes de este boom mediático de los últimos meses, de las encendidas arengas de Chávez, de la “desprendida” colaboración de Sarkozy, llamados públicos a Tirofijo incluidos, antes de los documentales en horario prime, de las cartas de Ingrid a su madre (que hoy puede Ud. encontrar en librerías) y de poner de moda un tema que en Bogotá nunca deja los titulares, Ingrid tenía seguidores y (muchos) detractores. 

 

La revista colombiana Semana recuerda: “Íngrid era una política beligerante. Hizo su carrera política como tituló su libro: con rabia en el corazón. Siempre valiente, no titubeaba en irse lanza en ristre contra el establecimiento político. No dejaba títere con cabeza (…) Era contestataria y moralista y veía la política desde la fiscalización y la crítica visceral. Pero así como tenía razón en sus denuncias, sus posiciones a veces ‘ayatólicas’ minaban su credibilidad”. 

 

Sus seguidores siempre creyeron que ella sufría su falta de libertad, que extrañaba su vida, a su madre y a sus hijos, que le dolía Colombia y que llevaba su cautiverio estoicamente. Sus detractores, sin embargo, se preguntaban quién la había obligado a ir a meterse a la boca del lobo, a hacer campaña en el corazón mismo de las FARC, decían que se había enamorado de un guerrillero, como Clara Rojas, y que se había unido a las milicias revolucionarias, decidiéndose a vivir en la selva y a pasar por secuestrada para conseguir beneficios del gobierno para con la guerrilla.
.
Hoy su ex amiga y jefa de campaña duda de su sinceridad y niega tajantemente que Ingrid la haya ayudado cuando nació su hijo Emmanuel; su marido, que con suerte la ha visto a solas un par de minutos luego de la vorágine de su regreso, dice a través de los medios que quizás ya se acabó el amor, ventilando el lado rosa de esta historia que ya vendió sus derechos a Hollywood; las FARC aseguran que el operativo de rescate fue una fuga orquestada por los guerrilleros que vigilaban a los secuestrados, y los medios colombianos ya se preguntan si se presentará a presidenta en las próximas elecciones.

 

Su regreso fue saludado con honores de estado, todos la vimos abrazar a su madre bajando la escalerilla del avión, todos la vimos arrodillarse y rezarle a la Virgen, todos esperamos ansiosos el emotivo reencuentro con sus hijos que viajaron desde Francia y seguimos su llegada a París bautizada como “la Juana de Arco colombiana”, tranquila, agradecida y reconciliadora. Hoy Ingrid se encuentra organizando una marcha antiFARC en París, será recibida por el Papa en pocos días y ya fue nominada por nuestra Presidenta para el Nobel de la Paz (la felicidad es contagiosa, dicen). Todo en menos de dos semanas.

 

Restan muchos capítulos aún de esta novela, en la que habrá que esperar que Ingrid se detenga a pensar en todo lo que le ha pasado (reacciones humanas incluidas), reorganice su vida en París o Bogotá y se decida a regresar (o no) a un lugar tan peligroso como del que acaba de escapar: la política colombiana.

Anuncios