Lo sé. Entre mis intolerancias, la relativa al tabaco está entre los TOP 5.

Reconozco que hay quienes se ven de lo más estilosos cigarrillo en mano, pero encuentro que ese aroma a cenicero olvidado, es de lo más matapasiones.

 

Mientras ejercito mi algo atrofiada paciencia, les recomiendo, a los que quieran (y tengan harto tiempo libre), un blog de un argentino entero rayado que escribe como si se hubiese fumado un buen porro, pero que después dice que no se lo fumó (lo que lo transforma en un pelotudo mitómano que escribe estupideces lúcido pero que se esconde tras los efectos de una sustancia sicotrópica). Divertido y bien argentino. 

 

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