M.I.R.: ¿Y ‘Tirofijo’ en qué anda?
J.M.S.: Debe estar en el infierno

M.I.R.: ¿En cuál infierno?
J.M.S.: Al que se van todos los criminales muertos.

M.I.R.: A donde ‘Tirofijo’ se va a ir…
J.M.S.: La información que tenemos es que ya se fue.

M.I.R.: ¿Cómo así, ‘Tirofijo’ se murió?
J.M.S.: Es lo que nos dice una fuente que nunca nos ha fallado.

M.I.R.: ¿’Tirofijo’ está muerto?
J.M.S.: Esa es la última información que tenemos y que estamos corroborando.

M.I.R.: ¿Puedo titular esta entrevista, ”Tirofijo’ está muerto’?
J.M.S.: El riesgo es suyo.

M.I.R.: ¿Y cuándo murió?
J.M.S.: La inteligencia nos dice que el 26 de marzo de este año.

¡Qué envidia! Y de la mala. Y nostalgia de ese periodismo de trincheras. Imagino lo que debe haber sentido María Isabel Rudea, perdiodista de la revista colombiana Semana, cuando el ministro de defensa, Juan Manuel Santos, le dio el titular de la edición que aparece hoy en Colombia y que ya ocupa sendos espacios en los portales electrónicos del mundo.

Alias Tirofijo, alias Manuel Marulanda Vélez o Pedro Antonio Marín, según se le antoje, el mero mero de las FARC, estaría muerto. Y ella lo supo primero. Es como si te enteraras antes que todos que el Papa acepta el fin del celibato, que Bush reconoce frente a una grabadora que metió la pata invadiendo Irak o que Miguel Bosé se ha decidio por fin a salir del clóset.

Envidia, simple, pura y verde envidia.

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