¡Qué horror ser inmigrante africano en Sudáfrica, latino en EEUU, marroquí en Madrid o turco en Berlín!

 

Este fin de semana más de 20 personas murieron -apaleadas o quemadas- en Johannesburgo y varias decenas tuvieron que refugiarse en la estación de policía local, ante la furia xenófoba contra refugiados provenientes de Zimbabwe, Mozambique, Malaui y Zambia.

 

En tanto, a miles de kilómetros de distancia, The Washington Post sacó a la luz una insólita práctica de servicio de inmigración estadounidense: drogar a los deportados con medicamentos psicotrópicos, para que no ofrecieran resistencia ni hicieran problemas durante los vuelos donde los retornaban a sus países.

 

Lo anterior se suma a la redada de Italia contra los inmigrantes ilegales -a los que expulsó la semana pasada-, al muro en la frontera que separa Estados Unidos y México, a las nuevas políticas de la UE contra los que no tuvieron la suerte de nacer de ese lado del mundo. 

 

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