Ya lo sé, desde Gore -y antes de que se le ocurriera hacerse millonario a costa de las desgracias del planeta- el Calentamiento Global es un lugar súper común. Estamos aburridos de las estadísticas, datos catastróficos, consejos para ahorrar, cadenas por la Tierra que atiborran nuestros correos electrónicos y  fotos de osos polares ahogándose por no tener un pedazo de iceberg donde descansar sus huesos.

 

Las noticias nos muestran que, mientras medio continente se ahoga bajo lluvias torrenciales, la otra mitad tiene una sequía tal que las cosechas y el ganado se mueren de sed y de frío, los productos agrícolas suben de precio y la gente ya no puede comer ni papas ni arroz porque están muy caros.

 

Porque por cada milla recorrida, el transporte público utiliza casi la mitad del combustible que necesitan los autos -y casi un tercio de lo que utilizan los vehículos más grandes, como las camionetas-, yo ando en micro (aunque los olores sean terroríficos, los tramos largos y las pulgas abundantes).

 

Porque un computador encendido toda la noche ocupa la energía necesaria para imprimir 10 mil copias, yo uso el sistema de ahorro de energía, aunque el equipo se apague a cada rato y yo deba estar atenta que mi jefe entre a mi oficina y me vea trabajando.

 

Porque si el 10% de los usuarios de teléfonos celulares en todo el mundo desenchufara sus cargadores cuando la carga está completa, se ahorraría una cantidad de energía equivalente a la que alimenta 60 mil hogares europeos (que no son los más económicos), yo ando paranoica desenchufando lo que pillo a mi paso, aunque de detrás del televisor me salgan arañas de rincón.

 

Porque la plancha ocupa mucha energía, reutilizo mi ropa arrugada hasta que parezco repollo.

 

Porque el refrigerador no debe ser abierto muchas veces, retengo la respiración mientras busco frenéticamente la mantequilla, el quesillo, la mermelada, etc. con las dos manos, al tiempo que mantengo la puerta afirmada con la cadera.

 

Porque gastamos un promedio de 60 litros cada vez que tiramos la cadena del baño, ahora tengo una botella de 1.5 litros dentro del estanque y trato de aguantarme al máximo y beber menos té y café.

 

Y hasta ahí nomás llego. Estoy tratando de darme duchas más cortas (y pensar menos mientras me ducho, que me distraigo) y de ver menos televisión, aunque mi adicción a las series cada día más freaks de Sony, Fox y AXN no me ayuda mucho.

 

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