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Hay algo que no me cuadra. No sé si yo soy demasiado “progre”, liberal, open mind o es indiferencia pura, pero me aburre esta moda de las mal llamadas tribus urbanas. 

Tribus Urbanas no son, de acuerdo a las definiciones socioculturales de Mafessolli y Reguillo, porque no los une una cultura como tal, sino sólo una imagen común, las ganas de romper con lo establecido y unas cuantas costumbres que se han puesto en la latera agenda pública de los medios masivos de este paisito pacato de los dientes para afuera pero bien hot bajo las sábanas. 

No hace tanto que tuve la edad de esos tipos y tipas que hoy se buscan en la calle, entre mechones de colores, pelos largos y parados, ojos blancos y ropas negras, dependiendo de la tendencia que ostenten. Harto perna eso sí que era, pero siempre relajada con el que era diferente.  

En mi colegio de monjas igual tuvimos compañeras embarazadas, escandalillos sexuales y dramones pasionales producto del clásico zapateo hormonal del periodo en cuestión, pero nunca nadie calificó nuestras fiestas o encuentros como “orgías públicas”, tal como lo ha hecho la revista Newsweek en su edición on line. 

Chile’s disaffected Pokemones don’t care much about politics. They’re too busy having sex”, señala la bajada del reportaje en el que la renombrada publicación gringa se espanta y reproduce las opiniones y temores del catolicismo conservador y los medios locales (tan variados y abiertos de mente, como sabemos), en un interpretación que mezcla historia reciente, postmodernismo y sociología for dummies. 

Mientras tanto, leo en El Mundo que en un colegio inglés 200 escolares engañaron a sus profesores para organizar una fiesta que terminó en sexo colectivo sin protección. La solución: repartir píldoras abortivas a granel y preparar a los padres para ser abuelos en un futuro cercano.

Las hormonas, las carencias afectivas, el sexo de moda, el aburrimiento crónico, las ganas de vivir el momento y otro millón de razones personales, sociales y culturales, traspasan las fronteras y la solución no es apagar MTV. Porque la contradicción está en que los mismos medios que de tarde y noche muestran abundantes escotes y bailes acalorados -que les reportan popularidad y suculentas ganancias- temprano por la mañana se escandalizan por el “desenfreno juvenil”.

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