Leo que una concejala de Independencia -apoyada por un diputado PS- puso una denuncia en contra del alcalde de dicha comuna, un RN, por entregar licencias de conducir a cambio de votos. La nota no especifica el partido de la edil, pero no es insensato imaginar que es de la coalición de gobierno. 

Hace un par de días, el Ministro de Justicia le pidió la renuncia al Director Nacional del Registro Civil y a su plana mayor, por irregularidades en la licitación de la nueva plataforma tecnológica de dicho servicio (por un valor de US$80 millones). Como despedida, la autoridad declaró “me voy con mi conciencia tranquila y feliz por lo que se hizo”, al tiempo que defendió los procedimientos administrativos y denominó el caso como una “anécdota”, que tuvo como epílogo su salida. El problema, explicó, se suscitó porque uno de sus asesores había trabajado hace años para la empresa que se adjudicó el millonario proyecto, antecedente que él no conocía. 

En la otra trinchera, la oposición, una empresa de comunicación estratégica está dando dolores de cabezas que amenazan con transformarse en migrañas. El motivo, la ex jefa de gabinete del alcalde de Recoleta es socia y ejecutiva de la empresa GMA, la cual asesoró a los municipios de Huechuraba, Recoleta y Viña del Mar -todos en manos de militantes UDI-, sin licitación pública ni respaldo administrativo de los procedimientos. 

El problema radica en que en Chile no vemos como conflicto de interés darle pega a los amigos, compañeros de colegio o universidad, a sus hijos, parientes o conocidos. Ni adjudicarles trabajos, asesorías o labores que directa o indirectamente estén relacionados con nosotros. Si no, ¿para qué están los amigos? 

Varias veces he oído los argumentos de “más vale diablo conocido que por conocer” o que “una mano lava la otra”. En realidad, no recuerdo a nadie que haga reparos éticos de fondo sobre el tema, más allá de los reclamos porque hay apitutados apernados en tal o cual lado.

Ello no significa que esté bien ni mucho menos, si no que aún nos queda harto camino para ver más allá de nuestras carencias culturales. La meritocracia dista bastante de consolidarse y quién sabe en qué quedarán los principales cargos públicos ahora que subirán los sueldos para la Alta Dirección. El tema de fondo no es que los mejores postulen, sino que queden.

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