abu-ghraib.jpgLlegó como una noticia más en el contexto de guerra: GWB decidió, hace algunos días, vetar un proyecto de ley que prohíbe a la CIA torturar a presuntos terroristas utilizando la técnica del “submarino” (waterboarding).

Así como suena, como ha sido representada en la prensa mundial, la información casi no impacta. Qué más se puede esperar de él, dicen algunos.

Con Guantánamo en la memoria colectiva, y todo el terror que la palabra evoca, la tortura ha sido legitimada -por los medios estadounidenses- como una medida discutible pero justificada.

Lo que impresiona es la frialdad para tratar el tema, como si realmente fuera debatible, como si se estuviera hablando de una nueva medida habitacional, como si se estuviera aprobando otro presupuesto, como si la experiencia límite que significa la tortura fuera algo que discutir en los programas de TV de media tarde.

Perfeccionando el horror

El waterboarding, para el Ejército Norteamericano, no es tortura si no una “técnica mejorada de interrogación” , un procedimiento institucionalizado donde: a) se le vendan los ojos al prisionero; b) se le recuesta boca arriba con la cabeza en la parte más baja de una especie de camilla inclinada, asegurando sus extremidades con grilletes para que no se mueva demasiado; c) se le envuelve la cabeza con un trapo o celofán para, d) verter agua sobre la boca y las fosas nasales del sospechoso. Después de esto, los prisioneros dicen lo que los torturadores quieren oír. Lo que sea con tal que se detengan.Pero éste y otros tipos de técnicas (tan familiares en este lado del mundo), están muy lejos de ser nuevas.

Naomi Klein en su libro La Doctrina del Shock, postula que la tortura, en las últimas décadas, ha sido el socio silencioso de la cruzada por la libertad del mercado, ya que es un conjunto de técnicas que tienen como fin conseguir que el prisionero caiga en un profundo estado de desorientación o shock, con el fin de lograr que éste haga cosas en contra de su voluntad.

Para ello, se le priva del uso de los sentidos -por eso el vendaje en los ojos, tapones en los oídos, el encierro en lugares sin luz natural, el desorden en las comidas, música a todo volumen, entre otras- lo que va acompañado de palizas y descargas eléctricas, interrogatorios eternos y aislamiento total.

Asimismo, realiza un detallado recorrido del proceso de perfeccionamiento de las técnicas de la CIA, desde la década del 60 a la fecha, que va desde la investigación del electroshock al uso de alucinógenos como el LSD para perturbar las mentes, con el fin de borrar de ellas todo atisbo de rebeldía y poder reprogramar los cerebros del enemigo.

Las imágenes de Abu Ghraib lo dicen todo. Los “interrogatorios coercitivos” se repiten todos los días en las cárceles de Irak, Afganistán, Egipto y Cuba. Pero la tortura, lejos de de ser condenada, está siendo televisada, en horario prime, todas las semanas y por distintos canales, a través de series de TV que justifican con lágrimas en los ojos que sus muchachos partan a defender el orden establecido a Bagdad o Kabul, a defender la seguridad nacional, a defender el mundo libre.    

 

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