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Son las nuevas inversiones neocoloniales. Se producen cuando algún pequeño y sobrepoblado país súperimportador de alimentos que no tiene terrenos cultivables consigue que otro, con hambre, sed y necesidad –en África, Asia o Latinoamérica-, le rente unas cuantas miles de hectáreas para plantar lo que sea: arroz, soya, trigo, cebada, maíz.
Comunidades indígenas, pastores o propietarios de granjas colectivas arriendan sus tierras por unos pocos dólares o euros, las que son explotadas hasta terminar repletas de pesticidas y herbicidas, y mustias como un árbol seco.
Más de mil millones de personas pasan hambre en el mundo hoy, y sus gobiernos arriendan tierras a empresas extranjeras cambio de inversiones, tecnología y efectivo, sin contar con la exención de impuestos y la posibilidad de exportar a sus países la totalidad de las cosechas.
Uno de los casos más publicitados ha sido el de una empresa coreana que proyecta alquilar por 100 años la mitad de la tierra cultivable en Madagascar para plantar maíz que importar a Seúl. En la isla, más del 70% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y más de medio millón de personas recibe asistencia del Programa Mundial de Alimentos.
Los gobiernos anfitriones ofrecen tierras “vacías” o de propiedad estatal, la que en muchos casos ha sido cultivada por generaciones de personas que encontraron en ellas la única forma de subsistir.
El G8 acaba de aprobar un presupuesto de US$20 mil millones para luchar contra el hambre, promoviendo el desarrollo agrícola sustentable, pero muchos dudan de su efectividad sino se consideran otros factores. Porque sin tierra, no hay comida.

Los dirigentes de los países del G8, los más ricos del mundo, prometieron en 2005 aportar 50 mil millones de dólares en ayuda a los países más pobres para el 2010. Asimismo, tenían el compromiso de mejorar de manera significativa el modo en que ésta se materializa, es decir, aportando recursos genuinos para la lucha contra la pobreza.
Sin embargo, la actual crisis económica ha vuelto las frágiles promesas un compromiso incómodo y ya se anuncian recortes.
La ONG Oxfam calcula que los países ricos se quedarán a 30.000 millones, lejos cumplir su objetivo total de 50.000 millones, cantidad con la que se podrían salvar cinco millones de vidas. Sin esta ayuda de vital importancia, será imposible cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio para el año 2015, entre los que se encuentran reducir la tasa de mortalidad de madres y niños y conseguir que todo niño pueda ir a la escuela.
Por eso Oxfam está invitando a hacer una promesa, y mantenerla, para enseñar a los líderes mundiales cómo es que se hace.



Dibujitos de Liniers para el buen humor, esta mañana.
Han pasado muchas cosas desde la muerte de Benedetti, visita al Cementerio del Buceo incluída. Es hora de sonreir.
“Cuando me entierren por favor / no se olviden de mi bolígrafo”
Mario Benedetti

En el Salón de los Pasos Perdidos (qué mejor lugar para el velorio de Benedetti) descansa el cuerpo de uno de mis poetas favoritos. Hoy todos se sienten con el derecho de hablar de él. Yo no. Sólo estoy triste.
“Usted madura y busca / las señas del presente / los ritos del pasado / y hasta el futuro en ciernes / quizá se ha vuelto sabio / irremediablemente / y cuando nada falta / entonces usted muere”. Currículum
Escuche Táctica y estrategia, en la voz de Benedetti
“United States Border Patrol! Put your hands up!”

En Texas y California, los niños exploradores no se andan con chicas. Nada de aprender a hacer nudos ni andar en campamentos donde se canta y se aprende a proteger el medioambiente.
Tienen entre 14 y 21 años y ya se preparan para enfrentar el mal: terroristas, francotiradores e inmigrantes deben cuidarse de este grupo afiliado a los Boy Scouts of America, donde se enseñan técnicas para proteger fronteras, escuelas, universidades o cualquier lugar del territorio del glorioso país del norte.
“Tratamos de que nuestros niños y niñas sean auténticos americanos”, señala orgulloso un ayudante del sheriff que dirige al valeroso grupo de adolescentes.
“Me gusta el sonido de los disparos”, destaca Cathy Noriego, de 16 quien confiesa que le atraen las armas, al tiempo que explica que las que utilizan son de aire comprimido, aunque a veces (¡qué emoción!) disparan con pistolas de verdad.
