El fallo del Centro de Resolución de Controversias del Banco Mundial que condenó al gobierno chileno a pagar poco más de US$ 16 millones a los dueños del diario Clarín por haberlo expropiado durante la dictadura, tiene a unos celebrando y a otros haciendo cuentas para reclamar la nulidad de la sentencia.
Cargado de intrigas políticas y personajes históricos, el veredicto parece un capítulo de la Historia Oculta del Régimen Militar.
Pero sin duda, lo que al fin del conflicto podría ser lo más importante para los que estamos aburridos del escaso aporte del duopolio Copesa-El Mercurio, sería la idea de lanzar un nuevo Clarín.
Ojalá resultase esto último –para lo que el gobierno debería renunciar a pelear la nulidad-, por el bien del alicaído pluralismo ideológico e informativo de la prensa chilena y de quienes aún nos gusta el periodismo.
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Mientras tanto, al otro lado de Los Andes, el Clarín porteño se ha transformado en el símbolo de los embates de la familia K que, con un descaro que sorprende, reclama a diario porque los medios publican sólo las cosas negativas de su(s) gobierno(s), mientras la Presidenta -siguiendo la política heredada de su marido- se niega a dar entrevistas.
Afiches en las calles, amenazas vía email, reclamos públicos y escraches (lo que en Chile llamaríamos una funa) contra el grupo han sido llevadas a cabo por parte de las juventudes peronistas, encabezadas por Máximo K, el hijo del ex y la actual, molestos por el fin del romance que por años sostuvo el grupo editorial con la familia presidencial, donde incluso se llegó a decir que NKirchner usaba a Clarín como agencia de noticias propia.


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2008/05/26 a 8:59 am
Rafael Cárdenas
Un toque de Clarín
Cuando finalmente y después de 10 años de litigio se ha dictado el fallo del tribunal de CIADI que reconoce el reclamo de Victor Pey contra el Estado de Chile por la requisición del diario El Clarín tras el golpe de 11 de septiembre de1973, se les ha acabado el tiempo a nuestros actores políticos para hacerse los lesos.
Durante todo el tiempo intermedio, este ha sido uno de tantos temas silenciados por nuestra prensa duopólica, así como por la clase política, con especial desvergúenza en el caso concertacionista. Tan silenciado como los millones de dólares con que se benefició a El Mercurio y COPESA -ambos quebrados y endeudados en cifras astronómicas al término del Gobierno Militar- por la complacencia de la Administración Aylwin y con Alvaro Bardón en la presidencia sucesiva del Banco Central y el Banco del Estado, acreedor de ambos grupos (cf. Dermota, Ken, “Chile Inédito”, Ediciones B Chile S.A., 2002). La misma complacencia, hay que agregar, que mostró dicho gobierno concertacionista con el desaparecimiento de los medios independientes que habían logrado surgir en plena dictadura, como las revistas Análisis, Apsi, Cauce, Hoy, el Fortín Mapocho y el diario La Epoca.
El sábado 10 de este mes, El Mercurio editorializaba afirmando que con el fallo de CIADI se estaría exigiendo el pago de una doble indemnización, en virtud de la indemnización -extrajudicial e inconsulta- que otorgó el Estado bajo el Gobierno de Lagos a los descendientes de Dario Saint Marie y otros personajes, mientras se desconocían los derechos de Victor Pey al respecto. Todos sabemos que, “el que paga mal, paga dos veces”. Ya veremos si se puede hacer algo respecto de aquello mal pagado, pero ese es otro asunto, que no empece en nada los derechos reconocidos al actor de esta demanda. Ahora, si el tribunal, sus miembros o su actuar, suscita suspicacias al editorialista mercurial, como muestra su texto, entonces, explicítelas y argumente al respecto. Debemos ser claros y responsabilizarnos de nuestros dichos. Si no, es mejor callar.
Pero, sin duda, lo más escandaloso y vergonzante ha sido el actuar de la propia Concertación, de ausencia y complicidad, durante todo el desarrollo de este caso, que representa una batalla en pos de un mínimo grado de pluralismo en nuestros medios.
No me cabe duda que este año marcará el punto de quiebre para poner fin a la transición y alcanzar por fin la dermocracia -lo que pasa por poner fin a la institucionalidad legada por la dictadura y por la aprobación de una nueva Constitución, que modifique el régimen político, como lo aprobó unánimemente el último Congreso Ideológico de la DC-, pero ello requiere de la libertad de prensa y el pluralismo del que carecemos.
Lo más desilucionante de toda nuestra historia reciente post dictadura, ha sido la actitud de nuestros políticos en relación al logro de los valores democráticos. La verdad es que todos los avances en tal sentido nos han llegado de afuera (Comisión Church, detención de Pinochet en Londres, las cuentas en el Banco Riggs, fallos de la Corte Inteamericana de Derechos Humanos, etc.), con nuestros representantes sorprendidos y llegando siempre atrasados a poner caras circunspectas. Somos un país de tranco lento, como nos comentaba Agustín Squella hace algunas semanas en su columna en El Mercurio, pero lo triste de mi generación es que, tras la derrota cívica de la dictadura hace veinte años, en el plebiscito de 1988, aún no alcanzamos el nivel de democracia que teniamos antes de nuestro 11 de septiembre, la que percibimos y recordamos, pero no tuvimos edad para ser sus actores.
La verdad es que los demócratas estamos hastiados y venimos aguardando desde hace tiempo este toque de clarín, porque sabemos que quien ganará con ello será la prensa nacional, la ciudadanía en general y, en definitiva, nuestra impostada, falsa y desprestigiada democracia. Es cosa de rememorar cómo cambió, para bien, El Mercurio, hace ya más de 20 años, en visperas de la aparición del diario La Época, recién autorizado, en plena dictadura, por la Corte Suprema: aumentó notablemente el espacio para cartas, se dio cabida a opiniones divergentes, mejoró sustancialmente el nivel de la crónica, nacional e internacional, multiplicándose varias veces el tamaño de esta última, etc., etc..
Finalmente, el surgimiento de El Clarín nos liberará del desagrado semanal de los miércoles de tener que desayunar con las chapucerías pinochetistas de Pérez de Arce. Ya lo leeremos más tarde. Rafael Enrique Cárdenas Ortega.
2008/05/26 a 9:37 am
Marcela Salinas
Ojalá podamos seguir este debate a través del mismo Clarín, Rafael.
Pero mi deformación profesional me hace ser desconfiada, así que primero ver para creer…
PD: Yo También extraño La Época